
Te reconozco siempre.
Ya no hace falta que vengas.
Prometí no mirarte a la cara
cada vez que lloré con la mente clara.
Desilusión. Y de mí te vengas
Ojalá descorazonada sea al menos tu venganza
y no cobarde, oscura, impenitente,
agazapada en cada sombra ausente,
fingiendo que jamás hiere tu lanza.
Entre azules cielos que envenenas,
¿por qué iba yo a mostrarte mi vida?
Al menos haz brotar sangre de mi herida,
que estoy cansada de morir apenas.











